chorco de los Lobos

El Chorco es una trampa para cazar lobos vivos, construido en el Monte Corona en el año 1610. El Chorco de los lobos es una ingeniosa trampa que se utilizaba desde muy antiguo para cazar al máximo depredador de la cabaña ganadera, el lobo. El motivo de que se ubicase en el monte de Corona es que durante gran parte del invierno las zonas altas del valle permanecían cubiertas de nieve, por lo que el lobo descendía y buscaba alimento en los bosques y praderías de las zonas bajas, lugares que siguen siendo usados a día de hoy como zona de pastos para el ganado durante el invierno.

Antiguamente, y debido a la abundancia de estos carnívoros en la zona y al aislamiento geográfico que padecía el propio territorio de Valdeón, sobre todo en invierno, el Chorco de los lobos era posiblemente un importante punto de unión para la defensa y el interés de los habitantes de Valdeón, esto es para los pueblos de Caldevilla, Soto, Posada, Prada, Los Llanos, y Cordiñanes.

Hasta tal punto tuvo su peso en la sociedad de Valdeón, que se escribieron, desde sus inicios, las “Ordenanzas de Montería”, donde se detalla el sistema de acoso y captura de los lobos, especificando los puestos y funciones a desempeñar por cada persona, así como las obligaciones de los vecinos para el mantenimiento de la empalizada y del Chorco e incluso del mismo monte de Corona.

La legislación mas antigua que regula el funcionamiento del Chorco de Corona data del año 1610, y de ella se hizo reforma en el año 1776. La Ordenanza reflejaba quienes debían participar: Cabezas de familia, varones, mayores de 16 años y menores de 65, criados de servicio, personas más útiles de cada casa y de no haberlos irían las mujeres.

Modo de reunirse. En cualquier día del año y a cualquier hora, excepto cuando se esté celebrando la Santa Misa, al toque de campana dos veces, en el sitio que se señale antes de media hora, (Iglesia de Sta. Eulalia, Posada de Valdeón). Donde se reunirían los monteros de Posada, Prada y Los Llanos, y si a estos les parecía oportuno, el Montero de Posada pasaría aviso al de Soto y este al de Caldevilla, tocando la campana de Soto. Asimismo, se asignaban por nombramiento los siguientes puestos: Montero mayor, montero menor, monteros, choceros, montañeros, enramadores del chorco, espías.

Tras dar una batida por el Monte Corona, se perseguía al animal hasta empujarle dentro del Chorco, donde era matado a pedradas y lanzazos. También se ha recogido el testimonio de cuando el lobo ya estaba herido en algunos casos se introducían perros, principalmente mastines, para enseñarles a luchar con los lobos, y así les perdieran el miedo.

El montero mayor era el alcalde de Posada, "si residía en algún pueblo del Real Concejo, en caso de no ser así recaía el cargo en el concejal de más alta representación que viviera en el Concejo. Era el único que podía ir a caballo". Con él iba un montero menor por cada uno de los seis pueblos del Real Concejo. A ellos se les exigía "reconocida honradez y buenas condiciones físicas".

Un papel fundamental desarrollaban los monteros, dieciocho en total (2 de Cordiñanes, 3 de Los Llanos, 3 de Posada, 3 de Prada, 4 de Soto y 3 de Caldevilla).

Los choceros se escondían en pequeñas construcciones camufladas para evitar que el lobo se diera la vuelta cuando ya había entrado. Los tres últimos, cerca del foso, llevaban un chuzo o lanza y eran seleccionados entre los hombres más fuertes del valle. Los choceros eran 34 en total (2 de Cordiñanes, 4 de los Llanos, 5 de Posada, 6 de Prada, 11 de Soto y 6 de Caldevilla).

Los montaneros, que eran 17, se encargaban de cerrar los pasos de posible huida del lobo por canales al verse acosado y los enramadores (dos, uno de Prada y otro de Los Llanos) cubrían con ramas la boca del chorco para que los lobos "no sospecharan" que les esperaba el vacío debajo.

Completaban las tareas del numeroso personal del valle dos espías, que eran los encargados de hacer cumplir las normas y de denunciar ante los monteros a aquellos que no lo hicieran.

Además de todo este personal cada pueblo debía criar y cuidar un buen mastín, que debía estar en perfecta forma para perseguir al lobo, "Salvo Cordiñanes, que tenía prohibido el uso de estos perros para asegurar que no evitaran el paso del lobo hacia Corona. Solo estaba exento el pueblo que tuviera una hembra mastina y estuviera criando en el momento de la caza".

La magnitud de la montería nos da idea de la importancia que le daban al lobo y de la "rivalidad" entre el ganadero y la alimaña.